Atenti. Porque lo que va a pasar acá casi seguro que te interesa.
Quizás sepas, o quizás no, que empecé trabajando cómo vidriero.
Tiempo después fui economista. Después trabajé en marketing con clientes de 6 países diferentes. Trabajé con empresas, políticos, empresas y cuentapropistas con un oficio…
Había algo que me sacaba el sueño: todo el marketing que funcionaba perfectamente para la mayoría de los clientes, no era suficiente para los trabajadores con un oficio.
Había un “algo” invisible que solía dejarlos siempre en el mismo lugar:
Pagaban publicidad, sin resultados.
Si generaban contenidos, solo perdían tiempo.
Cuando alguien les pedía un presupuesto, le respondían en un audio y nunca más nada.
Y así y todo, casi sin quererlo, vivían bien, pero sin saber exactamente qué ficha mover para estar realmente tranquilos.
Digo que solían estancarse en un mismo lugar, porque existía un perfil de trabajador con el que superábamos esta situación sin mayores dificultades.
En general, eran trabajadores independientes que ya vivían de lo suyo.
Eran muy buenos en su oficio. Tenían clientes, daban presupuestos, cobraban, recibían recomendaciones…
Y tenían algo más en común: sabían que entregar el servicio era solo una parte de su trabajo. Se preocupaban especialmente en filtrar a sus clientes, entregar buenos presupuestos y transmitir confianza. NUNCA eran los más baratos.
Durante años aprendí de sus experiencias. Y les transmití las mías. Probamos, validamos y descartamos estrategias, canales y herramientas.
Miles de horas de conocimiento que no aparecen en ningún curso, guía ni libro.
Mi objetivo ahora es desmalezar -un poco- el camino para que no cometas los mismos errores que cometimos en el pasado.
Separar la paja del trigo.
Y para eso, escribo emails. Uno por día.
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